viernes, 25 de noviembre de 2011

No me pidas ser tu amigo


Hoy buscas en mi un amigo
que haga un poco por que alcances lo que anhelas
un amigo seria yo si te apoyara contra todo lo demás
a un amigo tu dicha le haría feliz
aunque esta te llevara lejos

… y te fueras más allá de lo que yo te habría
podido acompañar

No me pidas ser tu amigo porque hay cosas en mí que este día no entiendo
por ejemplo que no puedo ser ese alguien
que piensa en la comprensión
y estar solo me daría tranquilidad
si a la vez tú me comprendieras
esta tarde que me hace abrazarte fuerte
cuando me dices adiós
un amigo te diría que todo marcha mientras
se muerde los labios
y por ti no extrañaría cada fin de año
los días que no volverás

Un amigo dejaría de hablar de cosas que sabe que te harán falta
para hablarte de lo que hay más adelante aunque yo me quede atrás

Se que siempre fui el motivo que tuviste cada
insistente de tu vida
alguien que lo daba todo
sin pedirte ni siquiera la verdad

siempre tuviste este cómplice que vino sin que le necesitaras
porque concebía el mundo desde tus ojos y ellos me querían mirar
no me pidas ser tu amigo cuando me dejas saber que ya te marchas
no soy tan civilizado para
comprender sabiendo que te vas

…para ti seré aquel que lo pierde todo porque no supo escucharte
que para mí solo seré un extraño en paz que nunca te dejo de amar

…que para mí solo seré un extraño en paz que nunca te dejo de amar


Fernando Delgadillo 1993

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Crónicas de Carmen III


(...)


Será por el tiempo, mi distracción o por qué estoy más acabado de cualquiera. Al notar tu semblante no noto ninguna pequeña abolladura. Sigue intacto e inexpresivo a todo lo que ha pasado. De verdad que no te esperaba de regreso, aquí y ahora. De verdad que tus ojos si me siguieron. Claro, las estelas de pesadumbre y tristeza que dejaba cualquiera podría haberlas seguido. Y mis ojos se inundaban de lagrimas así como mi cabeza de sentimientos encontrados y preguntas necias. Las mismas que ya sabes, las que nunca han tenido respuesta, las que yo he tenido que armar a punto de volverse a resquebrajar. Esas que me dejaste como consuelo para entretenerme mientras te perdías y no pudiera encontrarte.

No alcanzo a entender lo que me dices, inclusive, no alcanzo a entender si me esas diciendo algo. Todo se nubla y quedo nuevamente indefenso. ¡¿Qué hago Carmen que en verdad te queda el nombre y nuestra historia?! Carmen Jones regresó. Te llevaste la luz que iluminaba mi camino y hoy regresas como centinela sin que sepa si vas a guiarme nuevamente o me dejaras aún más aturdido. El viento lo trajiste contigo y me saluda. Me encojo en mi abrigo un poco a falta de tu abrazo cálido. Meto las manos a los bolsillos en un intento para acorazarme antes de hablar. O tú. 

Ahora tu eres la poetisa y yo aquel elegía que se lamenta por si solo. Al menos no he sabido que escribes más. No he sabido más allá de eso. Lo que veo. Se hacen eternos segundos el tiempo y nadie habla ni calla con su semblante todo lo que pudiéramos expresar. No puedo evitar descomponer mi rostro ante tal acontecimiento. Lo siento, y no. Entre respiros nos alternamos la extraña incomodidad de nuestra compañia. La tensión siento que crece, el agitamiento. Tanto que no se si echarme a correr, gritar o besarte apasionadamente. Somos mejores amantes que conversadores serios. Siempre lo he pensado así. Aunque platicando también nos defendemos. Nunca hubo tanto silencio antes como hoy. Siempre alternábamos voces y risas. Como si solo faltara alcohol para completar la triada. O como dije, un largo y apasionado beso. Pero eso confirmaría cosas ocultas. Cosas de las que no se hablan, o hablas. Justo lo que necesito, justo lo que se que no pasará.

Finalmente hablamos. Y nos soltamos, como si estuviéramos con el loquero o nuestro confidente. Y siento que así lo somos, o lo eramos. ¿Dos de cada uno significaría avanzar en la mitad de tiempo? ¿Terminar antes de tiempo con este suplicio? No hablamos mucho, tanto como si fueran días pero tampoco cruzamos apenas monosílabos y muchas dudas entre nosotros. Regresábamos poco a poco a compenetrar nuestras miradas. Se sentían cómodas aunque aun tensas. Carmen Jones se parecía poco a poco más a ti. Te regresó el color, las facciones que reconocí hermosas, aquella voz y aquella mirada... Viví una metamorfosis frente a mi. Una persona más, tal vez, me hizo reconocerla con apenas el roce de su mano. Y se volvió aquella mujer que su andar me había cautivado. Aquella que amaba y que pensé se había quedado en aquella morada teñida de azul y de recuerdos empolvados. De habitaciones tristes y percudidas más por nuestra ausencia que por el tiempo. Por la cual me lleve la llave por si flaqueabas e intentabas regresar a algo que ya nunca es. Me lleve la llave y nunca la tiré. 

(...) la guarde en mi corazón para que solo tu pudieras llegar a ella.

(..) Quiso una estrella iluminar mi camino cuando más ciego estuve.

Me fui añadiendo esta y otras preguntas a la lista por contestar. Pero hoy, recupere el andar. Un poco cansado aún, pero podía de menos caminar un poco más. Fue como agua en el desierto, un trago de vida aunque aún el calor y kilómetros de arena, pero al final, tiempo y aún así no se si has regresado para quedarte finalmente o para darme más miedo. Caminé mientras trataba de acomodar mis ideas y encendí otro cigarrillo. Alternaba ahora paso y fumada casi al compás de mi aún constante sorpresa por tu encuentro. Le añadimos a la triada el gusto del buen fumar, algo que siempre salía, con o sin estrés, con o sin amor o emoción, pero siempre estaba ahí. Solo dí cuenta de que fumé en aquella banca contigo cuando observo ahora mi cajetilla casi vacía. La hecatombe casi nos destruye pero ahora hemos de sobrevivir ante vestigios que hacen casi inhabitable la morada o el corazón. Un rato aún mayor.

Carmen... no nos podemos fallar, ya no hay más oportunidad para nosotros, más que hoy.

(...)

Crónicas de Carmen II


(...)

Al momento de cerrar la puerta me tocó un aire gélido por la espalda, como algún pasante que pudiera necesitar ayuda. Me recordó a aquellos días de hoy que solamente pasan sin pena ni gloria, al azar, tal vez, o sin ninguna novedad, emoción o sensación. Muertos podría decir. Me llego el sentimiento de dejar aquella morada. Deje por último una lagrima que se despedazó al llegar al suelo perdiéndose en el pórtico de la entrada. No volvería a entrar y, tal vez, tiraría la llave en algún lugar donde la nieve la consumiera hasta deshacerla. Frío. Ahora iría en busca de una morada mejor. Y tu en mi recuerdo, en mi alma y aún, en mi vida. Aún no se si te llevo conmigo o te dejo vivir aquí dentro de los recuerdos. ¿Te quedarías? o ¿De verdad me acompañarías? ¿y para qué lo harías? Muchas preguntas.

Hecho a andar calle abajo sobre el pedregal, no pasan coches así que el camino esta despejado a excepción de algún otro perdido. El día es callado y tranquilo, y en mi el caos de haber dado media vuelta y caminar para nunca volver. Me lo puedo llevar conmigo púes hay algo que no me deja arrancarte de mi alma. Simplemente no puedo. No quiero. En mi camino cuesta abajo, solo alcanzaba a ver una gris ciudad que crecía a mis ojos. Tan inmensa que me abrazaba y me perdía en sus entrañas. No opuse resistencia algún. Perdido ya estaba. No me importaba si alguien ya no reconocería mi cuerpo casi muerto vagar de aquí a allá. No me importa si no eres tú. Entonces ¿para qué buscar vida si aquella no la encuentro?

Tropiezo de vez en cuando, mi mente está en aquellos puntos ciegos que no han tenido respuesta. Ese silencio que guardabas cuando debías levantar la voz. Donde debías darme respuestas. Donde debías decirme que me amabas y querías estar conmigo. No me fijo en el pedregal de bajada. No me fijo en nada más. Los hubiera si existen y sirven para perder la noción del tiempo, de la vida. Para anclarte en unos recuerdos que toman tu forma, que veo aún a lo lejos como si te acercaras a abrazarme. Siento que a veces pienso y nada. Que de todos modos tú tomaras otro rumbo. Que Carmen Jones quedará siempre en esa casa esperando a que rescate algo que ya no es. Qué solo me espera a mí que vivo en sintonía con ella. Que la mujer que eres ahora nunca regresara por ella. Qué nunca volverá por los sentimientos empolvados dentro del cajón del boureaux o que dejo en la mesa de estancia y en el resto de la casa.

Llego a un parque. Creo que voy a explotar. Me siento junto a la aparente calma que siempre me acompaña. No sé qué ando haciendo rondando aquella morada si se que no vas a regresar, ¿qué es lo que me ata y no me deja escapar, perderme del mundo, de ti, de tus certeros ojos que siempre me encuentran y me retienen? Aunque los cierre los veo, aunque baje la mirada me tomas de la cara y me obligas a mirarte de nuevo. Como si enfrentara la verdad sin saber que verdad me presentas. Las palomas llegan a tiempo para revolotear a mi alrededor. Por fin algo en que distraerme. Y sin más aviso, nuevamente ahí estas tú. Uno más de mis anhelos que te quieren de regreso. No pongo reparos y me fijo nuevamente en la nada. Te acercas desde tu lugar y te sientas a mi lado. Como muchas veces desee y lo hizo aquella ilusión que creaba como droga, como una deflexión para mantenerme en otro mundo, aquel que me presentaste algún día en el cual era feliz.

Me rozaste la mano…

Y desperté. Caí en un segundo a la tierra, sentí todo el dolor que me estaba esperando para agarrarme en la caída, tan solo para flagelarme sin morir azotado en el piso. Sentí el sudor frío recorrer mi cuerpo empapado y jale a bocanadas el aire que se me fue, una y otra vez. Abrí los ojos como si hubiera salido de una pesadilla y se me acalambro cada parte del cuerpo retorciéndome, disfrutando el pesar en mí. No era ninguna deflexión o producto de mi imaginación para escapar una vez más, sí, eras tú.

(...)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cronicas de Carmen


Sentado en aquella recamara azulada, oscura y casi lúgubre a cualquier ser humano, yo sentía un cálido sentimiento de pertenencia. Los muebles ya doblados por el tiempo, aquel piano que descansaba después de tanto ser usado, las lamparas llenas de polvo que parecieran querer con los brazos del candil detener, y el resto caer hacia todos lados.

Jalé una silla del cuarto contiguo y me senté con el respaldo hacia adelante, crucé mis brazos sobre el y observe. Tanto movimiento en tan quieto espacio. Encendí a mi único acompañante. Ese día había regresado solo a aquel lugar. Dí 2 golpes seguidos como si necesitara oxigeno. Irónico. Y seguí mirando. Las luces parecían caleidoscopios de sombras que jugaban a revivir momentos. Veía al otro extremo lo que parecía la figura de Carmen observarme. Creí que era cierto, viví nuevamente recordé que no volvería. Más abajo, cuando descansé la pesades de mi mirada melancólica, me encontré el piso con sus últimas pisadas, tire un poco de ceniza que voló a la deriva y levante.

Eran los huecos de sus pies los que ahí observaba. La última vez que estuvimos aquí, ella se levanto sobre sus puntas para obsequiarme un beso y rodearme por el cuello. Hoy esos cálidos brazos me quemaban nuevamente. Era una amarga despedida. Pero necesaria. Ese día ella hecho a andar para abajo, se despedían sus pisadas y el portazo me regalo el silencio de aquello que antes había creado un jubilo similar al de haber nacido. Sonreí.

Paseaba de un lado a otro, como lo hacia usualmente desde hace no mucho tiempo mientras fumo. Son los nervios, tal vez, como si mi mente siempre estuviera pensando. Carmen. Inclusive el tiempo y el polvo había llevadose todo vestigio de aquellos días, existían, hoy solamente, los cuadros llenos de ceniza, calcinados por el olvido esperando a que se limpiaran y volvieran a vivir. Reconocí el marco que estaba sobre el piano. Acorde que ahí yacíamos los 2 en una foto que dictaba que vida teníamos antes. Si entré y viví cuando recorrí el cuarto, aquella foto me haría soñar y quedarme, no.

Decidí dejar el recuerdo en su lugar, salí del cuarto y cerré la puerta deseando que nunca se volviera a abrir. Aún no entendía que me había llevado ese día hacia nuestra morada antigua. Ya olvidada por nosotros, por el tiempo, se mantenía dormitando, tal vez en espera de algún nuevo comienzo, algún nuevo habitante, alguien que le caminara las entrañas y la hiciera vivir, reír como si te picaran las costillas. Ahí quedo aquella morada que juntos habíamos construido. Carmen se fue y ella no regresó.

Baje para observar antes de retirarme aquel pórtico por dentro, la espalda de la puerta que aún guardaba mi sombrero. Sí, ahí quedo el dolor de Carmen también. colgada detrás de una puerta, el recuerdo en coma esperando volverse a sacar como a un juguete olvidado.  la espalda de alguien es lo que menos ve uno, no es esconder los dolores, es evitar observarlos. Saco otro cigarro y lo enciendo. A final de cuentas, el tabaco no elimina el olor a recuerdos.

Carmen se fue hace ya tiempo atrás. No dejo nada que no fuera nuestro. Se fue casi desnuda entre lagrimas, lo único que la cubría. Aquel día no entendí porque me dejo con una pesada carga. ¿Limpiar la casa? no. Olvidarla y dejarla intacta, sí, pero olvidada no. Recordé aquellas palabras que alguna vez me diste. Una sonrisa que me obligaba a desear que hoy estuvieras sonriendo en cualquier lado que estuvieses. Y yo simplemente regresando a aquel lugar de mi mente donde todo quedo intacto, solo para asegurarme que nunca te quedaste. Respiró tranquilo mientras el cigarro se consume. No se de ti Carmen, pero no te quedaste aquí y yo tampoco lo haré. Espero que cuando regrese algún día a este lugar, soga todo lleno de polvo, cubriendo nuestros recuerdos y deseando que tampoco regreses a limpiar. Pues alguna vez fue nuestro y así siempre lo sera. No conviene desempolvar aquello que al final nos hizo sufrir.

Termino mi cigarro y me dirijo a la puerta. Salgo y esta vez la llave la llevo conmigo. Para que nunca intente Carmen entrar.

Carmen Jones no te puedo fallar...


(...)



Auto-prueba de Fe


No he quedado falto de inspiración, pero si de motivos. Hoy quiero hacer las cosas diferentes, quiero no caer en un mismo "patrón" y poder evolucionar a cosas mejores. Motivos me sobran para moverme, el malestar que me causan ciertas cosas me merman de forma incisiva, y lastima. Nadie quisiera estar en un punto donde se siente mal día a día, donde siente que trae una pesada loza en la espalda que al final no es suya completamente.  Quiere respirar, sentirse tranquilo, liberarse y hoy quiero hacerlo a mi manera.

Fuera necedad, ceguera, no lo se... solo se que soy yo. Leí hace no mucho que las cosas que son jamás vuelven a ser. (http://lizaela.wordpress.com/2011/08/02/porque-volver-nunca-sera-tan-divertido/#comment-3) (gracias Lizaela) y estoy de acuerdo, es como cavar un hoyo en la tierra, aunque lo tapes ya no es la misma densidad ni el mismo asentamiento, hay que moverse para mejorar. Así, mi idea es retomar para mejorar, si no, mejor no hacerlo.

Las decisiones que tomo son mi responsabilidad y solo mía. Agradezco infinitamente a la gente que esta ahí apoyándome, a mi familia que día a día vivimos diversas cosas. Pero no por eso dejare que se lastimen por una carga que yo he decidido traer hasta hoy. En verdad ya han hecho mucho y nunca podre pagarles tanto que son para mi. Es por eso que he cargado hasta hoy, para poder mejorar. Tonto, sí, puede ser. Pero no por eso deja de ser una idea loable, y "utópica" el tener una opción más sencilla y pratica. Pero sencillo y práctico no soy. Rara vez las cosas obstinadas suelen salir bien. Sí, se que me sangro la boca a cada palabra que escribo. Pero hay algo que supera cualquier experiencia o vivencia. Algo con lo cual el hombre no puede dejar de vivir y es eso a grandes rasgos lo que lo hace hombre. La fe.

Peco de creyente, puede ser. Pero confundida con mi necedad, mi ceguera o todo lo que soy, la fe siempre ha representado en mí algo muy importante. ¿No decían que la fe mueve montañas? He tenido fe en muchas personas, deseando que les abra los ojos o reaccionen. Puede que la gran mayoría no lo hayan hecho. Pero una pequeña parte es la que hoy es importante en mi vida. Esa parte por la que podría dar la vida. Y no por eso me conformo. Si puedes dar 1% más, hazlo. 

Aunque he actuado la mayoría de las veces así y he topado con pared duramente en muchas ocasiones, créanme, no soy tan necio. Hay veces donde prefiero encerrarme en mis capas de cebolla y dormitar ahí, sin oportunidad a nada más. Las personas que llegaron conmigo a ese punto, hoy no están aquí y han tomado otro camino. He aprendido a ser selectivo con el paso del tiempo. Y en ese aspecto, no me he equivocado tanto.

Puedo decir que la loza que he traído a cuestas es una mentira. Desde cualquier punto de vista se podría nombrar así, optimista, pesimista, crítico, etc. Nunca he sido de dejar las cosas de lado cuando creo que podría ser la mejor opción. Aunque a veces trastabillo, suelo llevarme todo y exprimirlo hasta que llega un punto donde no se puede hacer más. Ahí es cuando suelto la carga y con satisfacción digo que hice mi mejor esfuerzo, entregué todo lo que pude y finalmente otros factores fueron los determinantes para no lograrlo.

OK, pueden encontrar bizarra y un poco torcida inclusive mi forma de ver las cosas. Pero bueno, si estoy mal, aprendo poco a poco, si no, evoluciono igual. Hoy tengo fe solamente. Una prueba más y cuando haya cualquier resultados, les aviso. No se crean, también de los errores aprendo y aunque mantengo ciertas cosas firmes, trato de no tropezar con la misma piedra. Aunque nunca podría ser, no es el mismo tiempo, no es la misma persona ni la misma situación o circunstancias. Enjoy!